Huellas de atuq IV

María de México


Fotografía tomada por Juan Rulfo
u
Por Xiuhnelli de la Torre
(México)

I

–Yo… me perdona, yo le tengo a usted un poco de lástima…

–No lo creo.

–Pues sí…

–Ah pero no lo creo, por qué me va a tener usted lástima.

–…Fíjese usted… yo creo que usted es al mismo tiempo una creación y una víctima de estos medios, del cine, de la televisión, del radio… porque… porque el cine la creó, el cine la hizo tan grande como usted es, pero usted no pue…

Son tres los personajes, un lujoso y amplio sillón solo para la protagonista, un auto al fondo del estudio y la inverosímil carcajada de mujer que sobresale de entre el coro de risas grabadas. Las preguntas y el humor de situación fueron acordados en el guión, pero las respuestas y los posibles arrebatos, al grado de abandonar el estudio si le da la gana, son desafíos angustiantes que impiden que la entrevista se vuelva una acción autoconclusiva…

–¡¡¡Mi tata Dios me creó, nada de cine ni nada de nada, no me crió nadie más que mi tata Dios!!!

II

–¿Y esto, es cierto que a usted su marido le dice puma?

–Me dice puma… es cierto… ¿y cómo sabe usted que me dice puma?

–Un reportero no revela sus fuentes…

A veces la mueca evidencia los nervios incontenibles, a veces es la imagen de una malicia celebratoria después de haber acorralado a una anciana de desplantes pueriles, la condescendencia no solo es humillante sino un acto cobarde de quien se sabe respaldado por una tremenda industria.

–Ya desde el mundo diplomático de Washington que se encuentran reunidas aquí en la Organización de los Estados Americanos, Los Violines Mágicos de Villafontana que fueron traídos por Televisa para amenizar, interpretan María bonita, la canción que le escribió Agustín Lara a esta bellísima mujer y que la identifica por todo el mundo…

–Es una muy bonita fiesta y gracias, gracias a los mexicanos y gracias a Televisa porque nos da esto.

En la pregunta, la palabra ofidio queda más como un implante desproporcionado y grotesco (como la enorme y rígida cabeza montada en el diminuto cuerpo del reportero), que acorde con la pretendida elegancia de los mentados violines del restaurante Villafontana.

–Es mucha más mi afición por los diamantes que por los ofidios.

–Es verdad…

–¡Porque tampoco me voy a colgar un pitón de verdad encima ¿no?!


III

–¿Qué tela es señora?

–¿Esta?… ¿tienes cinta métrica? porque fíjate que la han traído de París y yo no sé…  poco más o menos lo que yo sé… perdonen… –El reportero le ayuda a desplegar la tela que justo ha llegado a mitad de la entrevista.

–Fíjate que es una tela muy sui generis, es exactamente igual de un lado que de otro… son como todas las cortinas que tengo aquí y nos hace falta para un mueble de ahí del breakfast. El procedimiento es que primero se hace lo de abajo, lo liso, luego se teje de un lado y luego del otro para que queden iguales, no tiene revés ni derecho, y luego después lo meten al río para que tenga esta cosa como tornasol, ¡es bonito!, ¿verdad?

–Es un bonito proceso…

Frente al inaccesible lujo «de una época mística del capitalismo», como dijera su amigo Monsiváis cuando habla de «sus anillos y colguijos», toda fantasía está permitida, como estar entre los franceses del Hippodrome de Longchamp presenciando el triunfo del purasangre Pancho Villa; o, con placer voyerista, mirar por algún resquicio a la hermosa lectora de Kafka escogiendo sus títulos en la Galignani; o imaginar las charlas con Frida y Diego, Villaurrutia, Buñuel y Dalí, Leonor Fini y la Carrington… «¡la aristocracia del talento!», así llama María a estos amigos; o cuestionar la veracidad de semejante vida. Absurda e inútil es la hazaña de algunos periodistas y biógrafos por encontrar a la «María real».  María se tejió, y la tejieron, con las urdimbres y tramas de la belleza, la inteligencia, el dinero y el poder, con una revolución mexicana «que no fue», con un mestizaje sublimado, con idílicas civilizaciones prehispánicas, con los pedazos (monumentos, recintos y plazas) de la Ciudad de México, «¡intactos por el gran terremoto del 85!». María se despliega sin envés ni haz, «¡Soy María Félix, la mexicana María Félix!»; entre mexicanos se oye decir «¡Pancho Villa invadió Estados Unidos y María Félix rechazó a Hollywood!». María la mexicana se teje, se despliega, cobija y divide…

–¡Es un proceso tremendo!

IV

–Yo no tolero la Ciudad de México sucia, es una maravilla, esas casas, esa catedral que es la más hermosa de toda la América y es cierto, yo me conozco toda la América y no hay una catedral como esa.

–Y si toleramos la suciedad, toleramos la corrupción, toleramos el saqueo…

–Claro.

–…toleramos la impunidad…

–Y el lavadero y el lavadero y etcétera, etcétera.

–Fíjate, y somos capaces de tolerar hasta las fiscalías especiales…

–¿Qué es eso?

–…para invest…

–¿Qué es eso?

–…investigar los crímenes, cuando algo… cuando algo quieres que no funcione en la administración de justicia…

–Sí…

–…en la aplicación de justicia…

–Sí…

–Formas una fiscalía especial, por ejemplo para investigar el crimen de Colosio[1], porque no va a pasar nada con esas fiscalías… pues nos hemos vuelto demasiado tolerantes, toleramos que nos tomen el pelo, de pr…

–¿Y lo de Aguasblancas[2], qué te parece?

–………………………eh, sí… sí…………………………………………………………. Fíjate que me gusta mucho María Félix.

–¿Te gusto yo?

–Sí.


[1] Luis Donaldo Colosio fue candidato del PRI a la presidencia en 1994, año crucial para México, particularmente porque sigue su cauce el Tratado de Libre Comercio, que entra en vigor un año antes, y el levantamiento del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas. En una gira de campaña, mientras caminaba entre la multitud, recibió dos disparos, uno en el abdomen y otro en la cabeza. Se piensa que Carlos Salinas de Gortari, presidente en turno, lo manda asesinar por rompimientos ocasionados debido a supuestas  medidas tomadas en el conflicto con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y por la supuesta crítica al presidencialismo por parte de Colosio. Mario Aburto fue “el asesino oficial”, chivo expiatorio, aún sigue sin esclarecerse  el asesinato.

[2] Se refiere a la masacre de Aguas Blancas en 1995, en el estado de Guerreo (donde también se encuentra Ayotzinapa),  murieron diecisiete campesinos de la Organización Campesina de la Sierra Sur. Se considera un crimen de Estado porque fueron agentes de la policía estatal quienes dispararon cuando los campesinos se dirigían a un mitin para exigir la aparición de uno de sus compañeros. Un año después, sólo se destituye al gobernador en turno Rubén Figueroa. Los familiares siguen exigiendo justicia.


REFERENCIAS

 Bibliográficas

Monsivais, Carlos. «Crónica de sociales: María Félix en dos tiempos», en Escenas de pudor y liviandad, México, Debolsillo, 1997, pp. 169-176.

Videos

Vázquez Bulman, Javier, María Félix: una conversación… (Parte 1)

Vázquez Bulman, Javier, María Félix: una conversación… (Parte 3)

Jacobo Zabludovsky Entrevista a María Felix

María Félix luciendo sus diamantes

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Narrar África*

Por Xiuhnelli de la Torre
(México)

*Este escrito es una reflexión sobre el ejercicio de la narración en La herencia colonial y otras maldiciones, de Jon Lee Anderson.la herencia colonial

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«Every journey began in Africa». El eslogan de la campaña publicitaria de Luis Vuitton figura como un pie de foto apenas perceptible, junto con otra información importante para los compradores altruistas de los bonitos y lujosos bolsos. En la fotografía aparecen Bono y su esposa Ali bajando de una avioneta, portando, por supuesto, aquellos bolsos y vistiendo ropa de Edun, marca de ropa de comercio justo. Según un portal especializado en publicidad y marketing, Luis Vuitton «adquirió el 49 % de la firma a fin de impulsar [su] visión positiva». Por el rojo y las tonalidades del café de las prendas y accesorios, más que un par de personas pareciera como si hubieran amontonado chocolates y lustrosas cerezas en la amarillenta estepa Africana. «Every journey began in Africa» es la decantación publicitaria de lo que bien podría ser una máxima de la historia contemporánea de África y occidente.

Poco antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Benjamin anunció la muerte del narrador porque le parecía cada vez más difícil encontrar a alguien que pudiese contar algo, veía con perplejidad y lamentación el enmudecimiento de los soldados al volver del campo de batalla. Para Benjamin «la facultad de intercambiar experiencias» y el deseo de escucharlas estaban llegando a su fin. Hoy día es posible constatar la permanencia de esta facultad tan humana, tan nuestra, y por supuesto leer su fin, más que como un desenlace, como el cambio de las condiciones. Cuenta usted que sus viajes comenzaron en Asia y no en África, pero que el año que pasó en este continente le marco la vida. Sin duda alguna, el muchacho estadounidense blanco, sobrino de un científico del Geological Survey de Estados Unidos en Liberia hubiese sido la envidia de una niña a la que le marcó la vida un libro que venía como regalo dentro de una caja de cereal, y que, de su adolescencia, aquella rudimentaria adaptación de Viaje al centro de la tierra seguía presente en su deseo de ser geóloga. Desde muchacho, usted estuvo facultado para maravillarse y dejarse arrastrar por encantamientos, como el del Anciano Tubman, Gran Maestre de la Orden Masónica de Liberia y Zo supremo de la sociedad secreta Poro, cuando pudo estrecharle la mano en la ceremonia de graduación de su curso en la American Colonization Society. Pienso en su amigo Winston Tolbert y en los demás compañeros de escuela, quizás fueron de los que sienten aquella extrañeza con temor que deviene del encuentro con lo radicalmente desconocido, pero usted, hasta bailó en Balamah con otros muchos y muchas «que golpeaban con palos las tapas de unas latas de galletas» y recibió el nombre kpelle, Saki, cuyo significado es «hombre alto».

Tiempo después volvió a África en repetidas ocasiones, ahora con la sagacidad «en asuntos del estado del mundo» y «el conocimiento del estado de las cosas». En estos recientes viajes se ha nutrido de las narraciones de sus informantes, tal vez hasta de aquello que escucha con disimulo en medio de la turba.  Usted pertenece a la comunidad de los que tienen el oído atento, como dijera Benjamin, y me resulta tan parecido a las instrucciones para subir escaleras, este consejo suyo que se mira en el anuncio del «Taller de crónicas Nelson Mandela», el cual se impartirá el próximo año en la sede de la Fundación Nuevo Periodismo Iberiamericano: «Tienes que ganarte a la gente con verdadera empatía, si la persona ve que eres genuino, hablará contigo. Tienes que mostrar confianza en ti mismo, interés y curiosidad por tu interlocutor». Sepa usted que no le creo semejante instrucción y comienzo a entender el pesimismo de Benjamin. ¡Quién carajos necesita de instrucciones para platicar, para ser genuino! Por supuesto, no es lo mismo hablar con el amigo o el vecino que con un excombatiente lisiado que pudo haberse comido el corazón de un prisionero de guerra, o con uno de los fundadores del African Oil Policy Initiative Group; como tampoco es lo mismo ser un corresponsal de plantilla del New Yorker, que un joven treintañero que trabaja por freelance y se aventura a dar cuenta de la avanzada del Estado Islámico. Por cierto, me tomé el atrevimiento de burlarme de usted, del gesto de quien se sabe un consagrado en el periodismo y en el oficio de la escritura, gesto de su cara en la fotografía que ilustra la entrevista, y gesto en sus respuestas simples y llanas para asuntos tan complejos como la desregularización del trabajo del periodista y la vigencia de la crónica como género. Me reí porque inmediatamente me vino a la memoria que casi se le caen los pantalones durante el interrogatorio y advertencia que le hicieron dos mercenarios angoleños, a los que les da lo mismo dispararle a un cocodrilo en la cabeza, que rajarle el vientre a una mujer embarazada y jugar a las adivinanzas con el sexo del feto.africa

Yo me pregunto cómo hace usted para organizar tantos materiales y de tan diversas naturalezas, a veces me imagino sentada a su lado en Naciones Unidas durante la conmemoración del ataque al World Trade Center, contándome por qué su expresidente Bush decidió prestarle a tención al discurso de Fradique de Menezes, presidente de Santo Tomé, y de paso el incidente de la cucaracha en la oficina de Fradique y su perro sacudiéndose las pulgas muy cerca de usted. Después, lo imagino yendo a Sao Tomé y aprovechar la visita de Gavin Hyman, de Global Witness, para enterarse de lo confuso que resultan los contratos petroleros, increíblemente lucrativos. Usted no arma cronolgías de tal manera que se expliquen los acontecimientos como causas y consecuencias, usted es un narrador, algo emancipado de la explicación y de la veracidad propia de la simple información. Puede desplazarse con increíble facilidad entre un combate en Bengasi para derrocar a Gaddafi y la invasión de Libia por parte de los italianos, tras la disolución del Imperio otomano. Dice Benjamin, «imposible caracterizar unívocamente el curso del mundo».

También me resulta imposible asumir un grupo de lisiados en medio del hedor a orines y excremento, niños apáticos y somnolientos por el hambre, las dos mujeres que agachan la cabeza como respuesta a los ladridos del cocker spaniel de un matrimonio de blancos, a los hombres y mujeres cuya mirada está pigmentada del «amarillo intenso de la malaria». Decidí buscar entre sus párrafos al pueblo africano, y encontré «botín de guerra», «desplazados», «refugiados», «ayuda humanitaria», «miles de millones de dólares de petróleo, entre ciento cuarenta mil personas, igual a una vida muy cómoda para una población africana», o «ejercito de chusma civil dispuesta a derrotar a un dictador». Me di un encontronazo con mi propia ingenuidad y esquemas. Después me di cuenta que lo que usted ve como corrupción es la ausencia absoluta de mecanismos reguladores, y ya no entendí. Le confieso señor Jon Lee Anderson, creo que lleva en su brújula de viajero grabadas las palabras «democracia» y «libertad», para ubicarse en la herencia colonial y demás maldiciones.

-¡Ana, Ana!

-¡Qué quieres!

-¿Apenas vas ahí? Apúrate para que llegues al derrocamiento de Gaddafi y veas, en medio siglo, el ensayo turbulento de las formas estatales que le han llevado a Occidente cientos de años. Los politólogos insisten en explicar una mezcla del socialismo y del islam con su «monopolio legítimo de la violencia». Quieren entender África, deberían comenzar por África.

-¿Cómo…?

-Sigue leyendo, Ana.zorro

Crónica de una marcha apestosa

Por Xiuhnelli de la Torre
(México)

MARCHA IPN

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El encuentro con aquella alegre mujer debió ser el toque sutil,
complejísimo que mi cuerpo y alma necesitaban,
 para recuperar el roto vínculo con todas las cosas.
José María Arguedas

La cita fue el viernes 31 de octubre, muy cerca de las instalaciones de la Unidad Zacatenco del Instituto Politécnico Nacional. Mientras llegaban los «¡¡¡impuntuales!!!» contingentes, aprovechamos para ponernos  más o menos al tanto de nuestras vidas después de dos años de no vernos, y para ponerme al tanto del movimiento que ha sostenido el paro de labores y la toma de instalaciones desde el 26 de septiembre. «Al principio no hubo mucho apoyo, pero nos las ingeniamos para informar a los compañeros, uno por uno, personalmente y con cuidado» porque las autoridades de la escuela sabían que algo estaba ocurriendo, «con decirle que nos detuvieron, nos llevaron a la dirección, llamaron a nuestros papás para decirles que estábamos desobedeciendo, alborotando a los demás, y que eso ameritaba expulsión». ¡Pues cómo no, la Voca 9 y su histórica fama de ñoños!, «sí, maestra, nunca habíamos hecho paro, ¡es la primera vez que lo logramos!». Y lo han mantenido, a pesar de tan ridículas amenazas, «!no sea usted ridículo!, mi hijo y los muchachos saben lo que hacen y lo que deben hacer, de todas formas, yo qué le puedo ya decir»; a pesar del desgaste y del eventual desánimo, «según la marcha es masiva, y mire, ya son las cinco y no llegan, ¿cree que lleguen más?, es que muchos ya no están apoyando y los demás son bien impuntuales como las mujeres, siempre lo dejan a uno esperando, perdón, usted es mujer pero reconozca que así nos hacen…».

…bueno, más vale tarde que nunca. Llegaron las compañeras de las guarderías para los hijos de los trabajadores del IPN. Ellas demandan su contratación por parte del Instituto; uno o dos minutos después, la batucada, los gritos y consignas de los de Ciencias Biológicas nos desviaron la mirada de los ositos y patitos bordados en las batas de las compañeras; y, más adelante, entre perplejos y agarrando la risotada con los dientes, vimos llegar al alborotado minicontingente de cinco muchachos y muchachas  de la Voca 12 «¡ven, se los dije, que éramos bien poquitos!, pero no hay pedo, no hay pedo, somos muchos». Por fin, salimos marchando desde avenida Politécnico, para después tomar un carril de Insurgentes, atravesar Reforma y llegar al Zócalo de la Ciudad de México. «No crea que necesitamos agua, tortas, papas en las marchas, lo que necesitamos son desodorantes…».

Y sí, efectivamente, no sé si fue porque mi nariz se predispuso a la advertencia pero es la marcha más apestosa a la que he asistido. Olores a piel con sal, aquel olor a cebolla, como cuando en México decimos «te apesta la axila a taco de sudadero», olores a pies y a cabello apelmazado, olores dulzones que se le van imponiendo al debilitado perfume por los brincos y brincos y brincos y brincos y «¡¡¡¡EL QUE NO BRINQUE ES PEÑA, EL QUE NO BRINQUE ES PEÑA!!!!»… creen ciertos compañeros que no nos percatamos de la singular alegría con que sacan esta consigna, la compañera de junto me sonríe con complicidad, y con la mirada nos decimos «¡ni modo!», ¡pues que nos brinquen los senos y las nalgas; los testículos, el pene, la vulva, la panza y el cuello; la espalda, las axilas, el pelo, el cerebro, la corona de la cabeza y las sienes; la frente, los oídos, las cejas y las mejillas; las quijadas y las narices; los dientes anteriores y los molares; los labios y la garganta; los hombros y las muñecas; los brazos, las manos y los dedos; que brinque la boca, el pecho y el corazón y todas las vísceras del cuerpo; que brinquen las venas, las junturas y articulaciones, desde arriba de la cabeza hasta la planta del pie! Brincamos con todo, como haciendo pase de lista de cada parte del cuerpo, a la usanza de los inquisidores para maldecir todo, completo, al cura Miguel Hidalgo en su juicio de excomunión, solo que nosotros para decir que nada nuestro, nada de lo que somos es un represor, torturador, mutilador y asesino.

«Los compañeros de Ayotzinapa nos han dicho en las asambleas que somos parte de lo mismo, del proyecto de Cárdenas, y que la lucha la tenemos que hacer juntos». La creación del Instituto Politécnico Nacional, en 1936, vino aparejada de la nacionalización de los sectores clave de la economía, como la industria del petróleo y ferrocarriles, así como de la electrificación del país, del reparto de tierras y del fortalecimiento de la burguesía nacional. Fue parte de una política educativa orientada a las demandas de la población obrera y campesina; durante el periodo presidencial del general Cárdenas se vio fortalecida la educación rural con el impulso de las Escuelas Normales Rurales, entre ellas la de Ayotzinapa, cuya función es la formación de maestros; y nos legó el excepcional proyecto interrumpido de educación socialista. «¡…porque el Poli es comunista!», «¡¡socialista!!» le respondía al contingente uno de los muchachos, entre corrigiendo y retando, cada que finalizaba la consigna.

El 24 de septiembre, el Consejo General Consultivo aprobó el nuevo Reglamento Interno, «ahora resulta, maestra, que si queremos ser ingenieros, vamos a tener que estudiar dos años más, aparte de los cuatro que de por sí son, para que nos den ese título; si los que estudian sus cuatro años van a ser técnicos superiores, entonces ¿qué voy a ser yo que estoy en bachillerato, ayudante del ayudante y nuestro trabajo más barato?». En 1934, Cárdenas pugnaba por una escuela «que prepare a los alumnos para la producción, que les fomente el amor al trabajo como un deber social; que les inculque la conciencia gremial para que no olviden que el patrimonio espiritual que reciben está destinado al servicio de su clase, pues deben recordar constantemente que la educación es solo una aptitud para la lucha por el éxito firme de la organización»; la comunidad politécnica exige respeto «a la historia», «al compromiso con la nación», a la «Técnica al servicio de la patria». Los principios que ha identificado como «fundacionales» se ven amenazados frente a la oquedad histórica y utópica, como dijera Hugo Aboites, de palabras y frases tales como, «evaluación», «competencias», «inversión», «fortalecimiento de la innovación y la competitividad empresarial», que figuran en el nuevo Reglamento Interno.

«Hemos tenido problemas con la Asamblea General porque decidimos tener representantes rotativos y no fijos, pero ahí estamos». A pesar de la pretendida imponencia y de la acartonada presencia de los emisarios del gobierno en las mesas de diálogo, la Asamblea General Politécnica da respuesta contundente a la burla que representa la entrega de documentos no oficiales, sin firmas de funcionarios ni sellos institucionales, «”Hacemos un llamado al gobierno federal a ser serio y a presentar al nuevo director general. Necesitamos que esté en esta mesa para poder concretar acuerdos”. El segundo diálogo, llevado a cabo el 4 de noviembre, queda interrumpido. ¡Mira, mira, güey, voltea, ya nos alcanzó tu novia!», yo también volteé para saber quién era la susodicha, «ay, maestra, es que casi no hay mujeres en la escuela, la verdad también el movimiento ha servido para conocer compañeras, pero no crea que lo tomamos al cotorreo, los compañeros que solo vienen a eso ya ni regresan, ni van a las asambleas…». Poco antes de llegar a Reforma, se reactivó la batucada; un muchacho blanco, bajito y delgado, algo encorvado y ojeroso, volteaba a ver a la muchacha de medias y tacones del cinco, que sin querer, lo rozaba con una pañoleta azul tupida de estrellitas doradas, las sinuosas caderas de la compañera por fin lo animaron a mover su dorso de izquierda a derecha, de atrás hacia a delante…

En la marcha masiva del Instituto Politécnico Nacional, del viernes 31 de octubre, hubo muchachas y muchachos completitos, íntegros, estuvieron presentes, los tenemos aquí y ahora, son y están, los tenemos bailando, sudando, gozando, seduciendo, soñando y luchando. El encuentro con estos muchachos es el toque sutil, complejísimo que nuestros cuerpos y almas necesitan para recuperar el roto vínculo con la historia, el roto vínculo de incontables cuerpos desmembrados, torturados, mutilados, calcinados, desollados.

zorro

 

Calaverita a mi país

Por Xiuhnelli de la Torre
México
calavera
Grabado de José Guadalupe Posadas (1852-1913)

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Nota contextualizadora

En México, como parte de la celebración de día de muertos, los días 1 y 2 de noviembre, hacemos calaveras de azúcar, de chocolate y también de palabras. En las calaveritas literarias (composiciones en verso), la muerte suele encontrarse con algún político, futbolista, vecino o pariente chismoso, cantante, actriz, etcétera, etcétera, etcétera; se burla y al final termina llevándoselo, es decir, matándolo. Este año, la muerte no trajo la alegría y festividad acostumbradas, antes bien, se encontró con el culmine de la ignominia y la más cruel de las incertidumbres. Vivimos en un país donde el crimen organizado se vale de las instituciones del Estado, y el gobierno de la organización delictiva. La palabra «coludidos» ha pasado a formar parte de las charlas de los taxistas con sus pasajeros, de la de los amigos a «la hora de la chela», así le decimos en México al momento en que bebemos cerveza, de la de las mamás al imaginar el dolor tan terrible y a cuenta gotas por no saber en dónde está un hijo. «¡Tenemos que organizar el dolor!», les decía una mamá, y también dirigente de una de las organizaciones de madres de desaparecidos, a las madres y padres de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural «Isidro Burgos», mejor conocida como la Normal Rural de Ayotzinapa, el pasado 15 de octubre durante una manifestación a las afueras de las instalaciones de la Procuraduría General de la República.

El viernes 7 de noviembre, el procurador Jesús Murillo Karam presentó la hipótesis que da por muertos a los 43 estudiantes desaparecidos, tras las declaraciones de tres de los detenidos y del despliegue mediático de la detención de Abarca y su esposa. Los padres y las madres de nuestros compañeros desaparecidos rechazaron inmediatamente esta indolente y pronta solución al problema. «Los padres de familia no van a aceptar esta hipótesis que se tiene, no son investigaciones concluyentes, finales, la investigación estaría abierta, para que haya la verdad plena por la cual todos los padres de familia están luchando, hacemos varias peticiones para que esta verdad podamos encontrarla», declaró el abogado de los padres en conferencia de prensa. Aún siguen en espera de los resultados de los peritos argentinos, quienes realizan pruebas a los  veintiocho cuerpos hallados en las primeras fosas, mientras tanto, exigen que las investigaciones se conduzcan bajo el estatus de desaparecidos.

Han sido días y días de incertidumbre, pero también de organización constante para llevar a cabo las asambleas interuniversitarias, los paros de labores en distintas instituciones educativas de todo el país, públicas y hasta privadas, de acopio de víveres y dinero, de brigadeos informativos, de expresiones artísticas como la de #IlustradoresConAyotzinapa, de solidaridad internacional, de marchas como la 43×43 que partió de Iguala, Guerrero, para llegar al Zócalo de la Ciudad de México, y las masivas que han sido resultado de las jornadas globales. La marcha masiva del 8 de noviembre concluyó con la detención arbitraria de dieciocho personas y con el incendio de la puerta principal de Palacio Nacional. A pesar de la confusión que genera la identidad e intenciones de los responsables (hay imágenes que muestran a uno de ellos guarecido detrás de la valla de granaderos, por lo que se piensa que son parte de un grupo de choque), este acontecimiento se ha vuelto simbólico y polémico; como respuesta a la implacable indignación de repentinos defensores y vigías del patrimonio histórico tangible de la Ciudad de México, un tal @ramoncarazo twiteó: «A Julio César Mondragón le desollaron la cara y le sacaron los ojos vivo. La puerta ya fue arreglada, no se preocupen».

Dejo, pues, está calaverita literaria porque fue un modo que hallé para expresar lo que ocurre en mi país. Las pulkatas, o pulquerías, son los lugares donde podemos degustar el pulque, «bebida alcohólica fermentada tradicional de México», según wikipedia; «pedos» también les llamamos a los borrachos y a las flatulencias; y por aquello de «pinche», «hijo de la chingada», «chingada madre», parece que Octavio Paz ya se encargó de profundizar en el particular buscando nuestra «identidad» (¿será que la habrá encontrado?). Cabe aclarar cierta imagen de nuestro presidente que circula en redes sociales: la ignorancia y la deficiente capacidad cognitiva coronadas por un copete negro, y su enlace matrimonial con una actriz de telenovelas, evidente alianza entre la televisora más poderosa del país y el gobierno. Sin embargo, la letalidad de este señor y su gobierno, habría que buscarla en otras tantas partes y hacerle frente desde la resistencia y la organización.

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Calaverita a mi país

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El desencanto. La apatía. Para muchos, estos conceptos explican el conjunto de la vida mexicana de hoy. Tal inexactitud hoy resulta insostenible. A diario, especialmente en provincia, muchos trascienden el conformismo atribuido e intervienen en luchas de colonia, de escuela, de gremio, de ciudad, de sindicato, de región. Sin duda, estas acciones de resistencia no disponen del atractivo visual o informativo de las gigantescas cuadrillas trabajando en las ruinas de Tlatelolco […] Al no registrarlas los medios masivos, da la impresión de que esas luchas no existen, así afecten muchas vidas y sostengan con radicalidad la discrepancia en el país.
Carlos Monsiváis. Lo marginal en el centro

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Andaba la muerte bien peda
saliendo de la pulkata
cuando en eso que se la apañan
cuatro hijos de la chingada.

-¡Órale pues culeros
pues si no ando haciendo nada!

-¡¡¡¡¡PÉGATE A LA PARED
Y PON LAS MANOS EN LA ESPALDA!!!!!

-Y que dijeron, cabrones
«ya nos cargamos a esta vieja»
¡sáquense a chingar a su madre,
que ando peda pero no pendeja!

-Mire… respetable señora,
me dirijo a usted con la emoción
pero con la firme convicción…

-…de que es usted un pendejo
pero no por el copete
ni por la silla de Krauze
ni por tanta pendejada
que ya ni tiene cause.

Que si prefiere a Coelho
y no a Milorad Pavić,
que si escucha al Arjona
y no a los Flaming Lips,
a mí me valen madres
los gustos que todos tienen,
porque como dijera mi tía:
los pedos de todos huelen.

-Y se le olvidó aquello
lo de su puta esposa…

-Momento, momento, comandante
guarde usted la compostura
aquí ni «putas» ni «putos»
porque ciertas gentes me censuran.

-Si usted quiere putos,
mire que yo se los consigo
porque aparte de la coca
también tenemos  migrantes
y de vez en cuando
uno que otro niño.

-¡Ah cabrón, ah cabrón!
¿Quién tiene gustos tan cochinos?

-Anda oficiando misa
por eso el culero no vino.

-Y usted está aquí
en su representación…

-Pues yo exploro el territorio
por asuntos de telefonía
y también de televisión.

– ¡A lo que te truje chencha!
como dijera mi comadre,
pues qué se traen ustedes
con ya tanto pinche desmadre.

¿Apoco quieren secuestrarme,
desaparecerme, torturarme,
violarme, dispararme, quemarme
y en una fosa guardarme?

Apoco son de los que dicen
subir la subida
y bajar la bajada
¡pues si soy la misma muerte
pinches hijos de la chingada!

Ahora va la mía,
y no me los voy a cargar,
los voy a dejar con vida,
una vida eterna tendrán.

Primero les arranco los párpados,
para unos ojos siempre abiertos,
los quiero mirando de frente
y por supuesto, bien atentos.

Después les refuerzo la cara
con cuarenta y tres remaches
con cuarenta y tres puntadas,
atravesando orejas, sienes, frente
y hasta estirarles toda la pinche papada.

Empiecen a contarnos:
somos más de los 4419 feminicidios en un año
somos más de los 49 niños muertos en la guardería ABC
somos más de los 72 migrantes ejecutados en San Fernando
somos 43 multiplicados por ¡vaya usted a saber cuántos!

Aquí se los dejo, compadre,
con sus ojos bien abiertos
pa´que vean que este pueblo dormita
y que los queremos bien atentos…

zorro