R.XII

LimaGrunge Fest: un intento por seguir construyendo la escena rockera emergente


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Por Rosell Castañeda Gutierrez
(Perú)

Por naturaleza el hombre es gregario. Siempre necesitó formar grupos para poder sobrevivir, poder conseguir alimento y defenderse de sus enemigos, así como para lograr grandes objetivos. Por eso, en un mercado musical peruano donde el rock parece postergado, las bandas deben juntarse para crear «movida», para construir una pequeña vitrina desde la cual empezar a exponer sus trabajos.

Y esto sucede porque, como bien lo saben los que están comprometidos, nadie lo hará más que las propias bandas. Esto en vista de que han salido «productoras» que organizan conciertos en los cuales uno debe «matricularse». El precio que suelen pedir oscila entre los 40 y 60 soles, y siempre es solo por 30 minutos en escena, incluido el tiempo de instalación de la banda.

Hace unos días, hubo un pequeño festival: LimaGrunge. La idea nació por parte de Bruno Rodríguez, guitarrista de la banda Qvimera, quien sugirió, en el grupo de Facebook titulado LimaGrunge, que sería conveniente «juntarnos un puñado de bandas y empezar a movernos nosotros mismos». Van, vocalista y bajista de Elemut, recibió la propuesta de manera positiva, así como el resto de los que forman ese espacio virtual. El objetivo era crear un evento que alcanzara periodicidad y que muestre a las bandas emergentes de grunge; que además buscara renovar  la «carta» de bandas en las próximas ediciones.

El proyecto empezó a rodar, presidido por Van, y generó gran expectativa e interés, tanto que sobrepasó al género original (grunge). La lista de bandas fue engrosándose y matizándose. Es así que en las filas de LimaGrunge figura Siatica, banda grunge de Ayacucho, y Mercado Negro, banda limeña, pero cuyo trabajo musical apunta al blues.

Van se encargó de la publicidad y de conseguir los locales. Aquí quedaban fuera las «matrículas». Cabe resaltar la labor que hizo el vocalista de Elemut, pues se dio abasto para moverlo todo. A los pocos días, luego de conversaciones y negociaciones, se lanzaron las dos primeras fechas: 26 y 27 de marzo. En el primer flyer ya figuraban Lateralvs, Siatica, Lupanar, Tarata y Altervox. El local sería el De Grot. Inmediatamente, se lanzó el segundo, en El Mirador, en calle Belén.  La lista de bandas estaba conformada por Qvimera, Elemut, Retroacción, _Bas, Carepalo, Los Beatniks, Asilo Arkham y Dybuk. Ambas presentaciones serían con entrada libre.

Llegó el día jueves 26, y tocarían Mercado Negro (banda limeña de rock blues y psicodelia) y Patito de hule (banda grunge de Lurín), reemplazando a Tarata y Siatica. De Grot cumplió con los equipos que ofreció; su sonidista fue amable con la organización y con las bandas. Eran las 10:30 p. m., arrancó Mercado Negro, con sus toques y riffs setenteros: inyectó la primera dosis de rock. De ellos nos quedan temas como «El blues de los que recogen colillas», «El blues de Jimi». Luego siguió Lupanar, con su onda alternativa, y nos dejó temas como «Control» y «Destruyéndote». Llegada la media noche, subió al escenario Lateralvs y nos dejó «Falso ganador» (rock grunge con matices alternativos). Patito de hule hizo lo suyo con su grunge nirvaneano, así como los Altervox.

En líneas generales, el LimaGrunge I salió bastante bien, a pesar de que hubo algunos impases en el sonido. El local tuvo gente –generosa con las bandas– que respetó el trabajo original. Las bandas llegaron a la hora programada e hicieron notar su apoyo entre ellas. Van cubrió el evento con su cámara, además de otras personas que buenamente ofrecieron sus servicios para la misma causa.

A continuación, unos videos del LimaGrunge I:

Gracias a Marco Coria por las grabaciones, a LimaGrunge por la promoción de las bandas y las fotos. Y para ser consecuentes con la promoción de la escena emergente, dejamos las direcciones de las bandas participantes:

Por otro lado, el LimaGrunge II es otra historia.

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R. XI

Hueso Húmero o la travesía por las artes y las letras


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Por Carmen Jhoana Díaz Atilano
(Perú)

Hueso Húmero constituye una experiencia altamente significativa dentro de la tradición de revistas culturales en el Perú. La apertura a diversos grupos generacionales de escritores y la preocupación por la mesura en los juicios de sus artículos reflejan su vocación integradora y en búsqueda de diálogo con un público bastante heterogéneo.

La presente reseña es sobre el número 42 de dicha revista, publicada en junio del 2003 en Lima, bajo la dirección de Mirko Lauer y Abelardo Oquendo. Estructuralmente, el presente número se divide en cuatro secciones: una primera innominada que reúne artículos culturales y textos literarios de manera alterna; una segunda, denominada En la Masmédula, que contiene textos de naturaleza diversa (comentarios, curiosidades intelectuales, creación literaria), desarrollados con un lenguaje ligero y ameno; una tercera, titulada Vuelta a la otra margen, que revisa la actividad cultural de los espacios regionales; y una cuarta que constituye una minuciosa presentación de reseñas sobre libros nacionales y extranjeros.

Entre los múltiples textos de la primera sección destacan las reflexiones de Víctor J. Krebs en «Descenso al caos primordial: filosofía, cuerpo e imaginación pornográfica». Aquí, el autor aborda el tema de lo corporal y se pregunta acerca del lugar que ocupa en la búsqueda de la sabiduría a la que supuestamente está abocada la filosofía. En los artículos de crítica literaria cabe señalar el de Susana Reisz en «Boleros en “una voz diferente” o el asalto literario a la sentimentalidad tradicional» y el de Rocío Silva Santisteban en «Persistencia de la barbarie. Las prácticas periféricas canonizadas por el centro: exclusión y basurización desde América Latina». La primera realiza un estudio que examina el impacto de la sentimentalidad bolerística en el lenguaje de algunas narradoras hispanoamericanas y sus complejas formas de apropiación, mientras que la segunda ofrece un análisis del eje centro-periferia como reconfiguración del binomio civilización-barbarie.

La revista culmina con la sección dedicada a las reseñas. En este número, figura la presentación de la edición facsimilar de todos los números de la revista Letras Peruanas a cargo de Marcel Velázquez Castro, quien la destaca como uno de los hitos centrales en la formación de los procesos de identidad de la comunidad peruana. A continuación, Víctor Coral reseña Prestigio del amor de César Moro a partir del análisis de los vestigios románticos presentes en poesía de un autor de filiación surrealista. Alfredo Villar, a su vez, reseña Camino de Ximena de Santiago del Prado y elogia la arriesgada aventura del escritor al ofrecer una obra que confunde los géneros y entrecruza los caminos entre lo ficticio y lo real. Playas del árbol de Marrero-Fente recibe el atento comentario de Elio Vélez Marquina, quien se refiere al texto como una excelente recopilación de artículos y conferencias sobre la tradición literaria española, entendida como una continuidad entre la peninsular y la americana. Por último, Fernando Iriarte Montañez presenta la reunión de dieciocho artículos de Umberto Eco en Sobre la literatura, como un corpus unitario cuyo centro articulador es el fenómeno literario y su constante diálogo con elementos de la cultura.

Luego de esta sumaria revisión de la revista, concluimos que es el resultado de un cuidadoso trabajo de edición, tanto por su impecable presentación como por el desarrollo de su contenido. Este último aspecto queda demostrado en el proceso de selección de los artículos críticos y los textos literarios. Los artículos no responden a una estructura rígida sino que dependen de la aproximación y estilo del especialista. Asimismo, los reseñadores pretenden orientar y no imponer juicios al público para la adquisición o rechazo de los libros que se presentan. A la luz de estas razones, se recomienda la lectura de este número que los guiará en un recorrido integral a través del mundo de las artes y las letras.

Reseña X

Terror con un soldadito de juguete


Martin A. La Regina

Por Richard Rimachi
(Perú)

El escritor estadounidense Stephen King, nacido en el año 1947, es uno de los más famosos exponentes de la literatura de terror contemporánea. Con más de 50 libros publicados, ha sabido labrarse un lugar especial en este mundo del terror, tanto en la literatura como en el cine ya que varias historias suyas fueron llevadas a la pantalla grande. ¿Y qué lo destaca de muchos otros escritores de suspenso y terror, tanto buenos como malos? Uno de esos factores tiene que ver con los elementos cotidianos que usa. Para mostrar esto, tomemos como ejemplo el libro El umbral de la noche.

Esta obra es una recopilación de cuentos publicada en el año 1978. Contiene un total de 20 relatos, la mayoría de ellos de suspenso y terror. Nueve de ellos son los ejemplos más destacables en cuanto al aspecto ya mencionado de la cotidianidad: «El último turno», «La trituradora», «Materia gris», «Campo de batalla», «Camiones», «La cornisa», «El hombre de la cortadora de césped», «Basta S.A.» y «El hombre que amaba las flores». En estos cuentos podemos encontrar desde soldaditos de juguete hasta una empresa de rehabilitación con métodos siniestros, pasando por ratas y camiones «vivos».

En la mayoría de estos relatos, el mundo ficcional se desarrolla sin ningún conflicto hasta cierto punto en el que actúa el elemento cotidiano, el cual rompe la estabilidad dada y lleva la historia al clímax y resolución respectivos. Por ejemplo, en «Campo de batalla» el protagonista se encuentra en su departamento sin problema alguno (a pesar de que es un sicario) hasta que recibe un regalo que contiene soldaditos y armas de juguete, objetos que luego cobran vida y atacan al personaje.

En otros casos el conflicto aparece desde el principio, por supuesto también provocado por el elemento cotidiano, como en el caso de «Camiones», relato que empieza con los personajes refugiados en una pequeña gasolinera restaurante, debido a que en el exterior hay camiones asesinos que están arrollando a todas las personas.

Ahora bien, ¿qué es lo terrorífico aquí? Así como en Drácula encontramos al vampiro, un ser sobrenatural chupasangre, y en Otra vuelta de tuerca encontramos a unos fantasmas, seres sobrenaturales espirituales, en estos cuentos encontramos elementos de la vida común y corriente que provocan terror justamente porque actúan como un agente amenazante (que en muchos casos poseen rasgos sobrenaturales, sí, pero que se encuentran en mundos, por lo demás, fácticos).

Viendo casos como estos podemos entender que la literatura de terror no solo se construye con historias de monstruos, fantasmas o similares, sino con elementos diversos, como aquellos que forman parte del mundo cotidiano… un soldadito de juguete, por ejemplo.

R. IX

Súbete a esta Locomotora


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Por Rosell Castañeda Gutierrez

Uno de los baluartes de las bandas emergentes de rock, así como de otros géneros, es el mar virtual. Las redes sociales y YouTube se han convertido en vitrinas para los trabajos musicales que no tienen lugar en la FM. Podemos encontrar proyectos musicales malos y buenos, vivos y muertos. Y es que para el arte, para la música, para el rock tienes que ser un sobreviviente; tienes que tener ese temple de acero que te permita soportar el rechazo, o incluso el silencio.

Una de las bandas que podemos encontrar en las redes es Locomotora, banda de alto voltaje, con influencias del hardrock, el blues y la psicodelia. Aunque yo los conocí una noche que andaba por Barranco, por uno de sus tantos parquecitos. Se trataba de un pequeño evento organizado por la productora Sonidos Latentes, que además contaba con una pequeña feria de comida y chucherías. En realidad, fui invitado por una banda que conocí en un festival de Cañete, que esa noche también tocaría. Pero esa es otra historia.

Cerca de las ocho de la noche empieza el primer riff. Y cuando un riff hace mover alguna parte de tu cuerpo (pies, cabeza, manos…), se queda contigo. Y «Vagabundo» se quedó conmigo. Solo bastó ese tema para saber que se trataba de una buena banda; el resto lo completaron los meses que siguientes, en los que presentaron su segundo EP, El vagón del silencio, participaron en el Lima Vive Rock 2013 y en La Banda de Frecuencia Latina.

Cuatro son los elementos que dan vida a esta banda, pero podríamos resaltar a Luis Augusto Baracco (guitarra) y a Alonso Pérez (voz), quienes son los que le ponen el plus a Locomotora. El primero ofrece su virtuosismo blusero y hardrocker, bastante clásico, y el segundo nos recuerda que en el Perú también hay Plants. Puede ser bastante cuestionable lo anterior, pero no cabe duda de que Led Zeppelin está en sus canciones, y sobre todo en el registro de Pérez.

Desde la primera vez que los escuché, me figuré naturalmente a Deep Purple, Zeppelin, Uchpa y Wolfmother. Pero tratemos de su disco, el primero, el Estación Alpha (2011), compuesto de seis temas: «Vagabundo», «Claros verdes», «Bailando en el fuego», «El llanto del unicornio», «Arrecife» y «Amapola». Como ya lo mencioné, Locomotora está bastante empapado de buen blues y del hardrock, sobre todo, más que de pscicodelia. Los riff son bastante buenos y pegajosos, sus letras giran en torno al cuerpo, la libertad, la conexión con la tierra y la bohemia. Sin embargo, las melodías son redundantes (como suele ser el rock clásico, así como AC/DC), anticipadas; detalle que puede hostigar un poco, como la rima modernista, o como las tres notas de un blues, o como los carnavales cajamarquinos. Pero siempre hay tolerancia para el buen rock. A veces, la repetición se convierte en la marca registrada de la banda, como sucedió con los Alto Voltaje. Es difícil mantenerse en el mismo género y sonar diferente; pero Locomotora aceptó el reto y me parece que lo pasa con el puño en alto.

Haciendo un balance de este EP, me quedo con dos temas: «Vagabundo» y «Claros verdes». Con el primero porque tiene el riff que se impone en el resto de canciones y donde mejor suena, donde golpea más. Su letra abraza las otras letras, por el tema de la libertad y la bohemia, así como una cierta conexión con el mundo. De «Vagabundo», me aventuraría a decir, que salen otros temas, como «Bailando en el fuego», «El llanto del unicornio» y «Arrecife», que tienen sus adiciones y variantes, como unos toques progresivos y psicodélicos. Y me quedo con «Claros verdes» porque es la canción genuina de este EP. Se trata de una canción con instrumentos electroacústicos, de percusión minimalista, de riff distinto, con una guitarra tocada con slade que le da un efecto folck y blusero, y, además, de una letra fumeque como su título.

Finalmente, los invito a subirse a esta Locomotora y escuchar su segundo EP, El vagón del silencio (2013).

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R.VIII

Por Carmen Jhoana Díaz Atilano
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Genética textual o estudio de los ante-textos

 

La crítica genética es una disciplina que, desde hace unos treinta años aproximadamente, se está cimentando en el panorama de la crítica literaria. Su rápido desarrollo –especialmente en territorio francés– ha motivado a Emilio Pastor Platero a compilar una serie de estudios representativos de este género en Genética textual. Este libro –publicado por la editorial Arco Libros en el 2008– constituye una antología, en lengua castellana, que reúne a los autores más importantes de esta tendencia y que busca renovar el enfoque de los textos a partir del conocimiento de los manuscritos.

La primera sección de la primera parte contiene los ensayos de Louis Hay, Jean Bellemin Noël y Raymonde Debray-Gennette. El primer autor explica el cambio del enfoque teórico que va del texto a la escritura. La noción de texto como un objeto formalmente coherente y delimitado, guarda una gran estabilidad hasta mediados de los años setenta. En este periodo que coincide con la aparición de la denominada crítica genética, se comienza a cuestionar el estatuto de texto en términos del canon original. Los estudios genéticos al establecer la relación del texto y su génesis, desvían el análisis hacia el proceso de escritura. Al demostrar que no existe un criterio de textualidad certero y constante, se debe concluir que el texto no puede definirse. Por tanto, es más productivo analizar el binomio ante-texto/texto en términos de desplazamiento de la escritura a lo escrito (obra publicada).

El esclarecimiento de los términos que sirven para designar los materiales previos a la impresión de una obra es la tarea emprendida por Bellemin Noël en el segundo ensayo. Esta revisión del aparato nocional resulta indispensable ya que ha sido responsable del retraso relativo de las investigaciones genéticas. Por esta razón, el autor intenta definir los tres binomios fundamentales: manuscrito, borradores y ante-texto. El manuscrito es la realidad material de los documentos tomados «como de la mano del escritor» y por ello dignos de adoración. Los borradores son la manifestación de una labor de perfeccionamiento, de un proceso, de un «saber-hacer» del escritor. Mientras que los ante-textos, más que «borradores menos el autor», son construcciones; es decir, que su existencia depende de la intervención del discurso crítico.

A la propuesta de un método que conjugue poética y genética, dedica Genette su ensayo. En primer lugar, la posibilidad de una poética de la escritura por oposición a una poética del texto, acabaría con la ilusión de la progresividad. Ya que las novelas (como lo demuestran los manuscritos de Flaubert) no evolucionan de manera lineal hacia el perfeccionamiento, sino que se desarrollan a saltos cualitativos. Por otro lado, la genética al abocarse al estudio de un objeto abierto y permeable como la escritura, requiere de las necesidades de una poética que le asegure una cierta libertad de lectura.

Dados estos primeros alcances; por la novedad e importancia de esta nueva disciplina, recomendamos la lectura de este libro que lo informará sobre sus presupuestos teóricos de una manera seria y entendible.

R.VII

Por Carmen Jhoana Díaz Atilano
(Perú)

chirinos 1separadorHumo de incendios lejanos o el lenguaje poético de los índices

Eduardo Chirinos –autor de este texto– nació en Lima en 1960. Estudió lingüística y literatura en la Universidad Católica, y se doctoró en la Universidad de Rutgers. Se desempeña como poeta, ensayista, antólogo, traductor y escritor de novelas para niños. El libro que aquí se reseña –publicado por la Editora Mesa Redonda en el 2010– presenta una rigurosa y significativa organización. Los trece textos que contiene llevan numeración y su respectivo título. Además, cada sección se divide, a su vez en un discurso fractal de diez piezas. Por su coherencia, cada texto, ha sido concebido como un poema. Pero dentro de las posibilidades de lectura, se podría abordar esos pequeños fragmentos como variaciones del poema, articulados a partir de su semejanza formal y temática.

Lo primero que despierta el interés del lector es el título del libro. ¿Por qué Humo de incendios lejanos? La respuesta solo adquiere sentido al culminar la lectura del texto, pero podemos arriesgar algunas posibles soluciones mientras desarrollamos su contenido.

Como se conoce en lingüística por la clasificación de Peirce, el humo pertenecería al tipo de signo conocido como índice, y este es el indicador que nos conduce a la mayor preocupación de Chirinos en su obra: el lenguaje. Podemos decir entonces que este poemario se estructura a partir de su sospecha frente al lenguaje y su poder de simbolización. La escritura poética solo sería el rastro, la huella palidecida de los incendios léxicos en la cabeza creativa. Esto sucede porque el poeta, de forma sutil e intensa, se apropia de los estímulos de las cosas, pero se siente frustrado por la incapacidad de las palabras para dar cuenta de dicha impresión estética. La materia significante imposibilita la manifestación de su contemplación de «lo real». Este fallido encuentro («las olas que mueren al contacto con la orilla») produce la explosión del lenguaje. Un desbordamiento de significantes, la concatenación de palabras inútiles, intentan sustituir la falta del acto deseado.

Como la relación que establece el índice con su objeto está determinada por una «compulsión ciega» y no por el uso, de los poemas se desprende un descreimiento en los significados convencionales. El sentido se encuentra en la propia emoción estética y no en la selección escrupulosa de las palabras para transmitir un mensaje cifrado. Por ello, los versos intentan romper con la noción del discurso racional como vía certera para adquirir el conocimiento de las cosas, y propone una descontrolada cadena de imágenes que intenta expresar aquello que de por sí es imposible.

Como todo el sentido se encuentra en el sonido mismo, no se requiere ningún significado suplementario a la musicalidad. Esa música que proviene del silencio no se anquilosa en ninguna lengua particular y se convierte en una voz universal. El poeta se constituye entonces en una caja de resonancia de los humos de incendios lejanos, no solo distantes en el espacio sino también en el tiempo. Por tanto, la cuestión de la autoría deja de tener relevancia cuando se erige su producto, porque el poeta solo es el medio por el que transita el lenguaje que nos constituye a todos.

En conclusión, nos parece que Humo de incendios lejanos es un poemario logrado que despierta el interés por su complejidad de lectura, la innovación de su propuesta  y su visión coherente. El autor logra problematizar en sus poemas sobre las posibilidades del lenguaje de una manera original y auténtica. Por todas estas razones, saludamos la labor emprendida por Eduardo Chirinos y recomendamos la lectura de su libro.

 

R.VI

LOVECRAFT, H. P. En las montañas de la locura. Barcelona: Alianza Editorial, 2006, 256 pp.

Por Richard Rimachi
(Perú)     

              loveseparadorEntre suspenso cósmico

Monstruos ancestrales, dioses primigenios, humanos aterrorizados pero a la vez asombrados en gran medida. Todo esto podemos apreciar en la obra literaria de Howard Phillips Lovecraft, escritor estadounidense nacido en el año 1890, quien renovó la literatura del terror con su horror cósmico, caracterizado por presentar seres que trascienden absolutamente lo humano, ligándose con el universo, como sus dioses creados. Así, él formó su propia mitología con ayuda de otros escritores más en el llamado Círculo de Lovecraft. Y, por si a alguien «le suena este nombre», seguramente bastará con nombrar a Cthulhu para que lo recuerde, ya que este ser es el más conocido de todos de los que este movimiento literario ha creado.

Pero ahora hablemos de una de sus obras, en este caso una novela, para ejemplificar lo que se ha mencionado. En las montañas de la locura, publicada en 1936, nos narra en primera persona las peripecias de un grupo de investigadores que va a la Antártida como parte de un proyecto, valga la redundancia, de investigación. Un grupo de ellos decide explorar una extraña cordillera debido al encuentro de un misterioso fósil. Entonces, se separan del grupo principal. Sin embargo, desaparecen de un día para otro y, entonces, el resto del grupo va hacia dicha cordillera en busca de los perdidos… pero ahí se encontrarán con unos seres de pesadilla.

De por sí, la trama encierra un conflicto principal (encontrar al grupo perdido) envuelto en misterios, otorgándole también el suspenso necesario para atrapar al lector. Además, la narración es verosímil, ya que está llena de datos técnicos, dejando de lado el sarcasmo. Así, una historia tan extraña como esta adquiere no necesario para que lo absurdo e irreal se convierta en lógico y verídico. No obstante, al mismo tiempo este carácter técnico y serio hace que por momento el texto caiga en la descripción excesiva.

Primeramente, hay que tener en claro que entre las características del estilo de Lovecraft está la descripción. Tanto en sus cuentos como en sus novelas, este escritor usa la descripción como prueba de que el protagonista es consciente de lo que le ocurre y no está en un estado catatónico que le impida percibir el horror cósmico; además, predomina la primera persona. De modo que, por las razones expuestas, no es extraño encontrar el uso de la descripción en la narrativa lovecraftiana. No obstante, hay un límite que fue sobrepasado en esta novela. Hacia la mitad del libro, el narrador protagonista describe minuciosamente las construcciones encontradas en la cima de la cordillera, justo en la parte en la que el conflicto principal bordeaba el clímax. Entonces, la cuestión es ¿interrumpe o no interrumpe el suspenso que lleva al momento central? Yo respondería que sí. Y no solamente porque está colocado en un mal momento, sino porque gran parte de la mitad de la novela está repleto de descripciones minuciosas de cada cosa que el protagonista va encontrando, entorpeciendo la llegada al momento culminante.

Como se mencionó anteriormente, la descripción es una característica del estilo lovecraftiano y, de por sí, no es una cualidad negativa, por supuesto que no. Pero si es usado en demasía y, sobre todo, en un momento clave de la historia, entonces se corre el riesgo de perder el hilo de la trama y, más bien, la narración se iría por las ramas. Aún así, la novela merece ser leída por otras cuestiones también presentes, como la interesante comparación de la civilización humana con la civilización alienígena que aquí aparece.separador